Enoturismo en La Rioja (I): el Hotel Palacios

Entrada al Museo de Vinos

Parece mentira, pero ya hace un año que estuvimos por La Rioja, aprovechando la Semana Santa, con el objetivo de aprender más y, sobre todo, de disfrutar…y vaya si lo hicimos! Ha sido un año de muchas decisiones, incluida la de mantener o no este blog, con el que llevamos ya 5 años. Y un año para asimilar las sensaciones y emociones que nos quedaron tras aquél viaje. En La Rioja puedes ver industria, grandes empresas, sí, pero también, tradición, entrega, artesanía, ganas de hacer las cosas bien. Y todo, desde el punto de vista del amor al vino, de la cultura del vino, en una de las zonas vinícolas de más tradición y reconocimiento de nuestro país.

Y eso que empezamos de la mejor manera posible, por casualidad. Reservamos en un hotel de Alfaro, sin caer que era el Hotel Palacios, origen de una de las dinastías que más brillan en el panorama enológico nacional, e internacional, me atrevo a decir. Una pista, tres nombres: Alvaro, Rafael, Ricardo…os suenan?

Colección de Herencia Remondo

Comencemos el viaje: el Hotel Palacios fue fundado por José Palacios en 1970, al lado mismo de su bodega, con la idea de alojar allí viajantes de comercio y toreros de la época. Tal era la afición taurina de José Palacios, que era cronista de toros para una agencia de Madrid, y sus primeros vinos llevaban nombres relacionados con el mundillo, Añojo, Eral y Utrero. Además de estar situado puerta con puerta con la bodega Palacios Remondo, el hotel esconde una joya, un pequeño museo homenaje a las aficiones de Don José, fotos suyas con toreros, carteles antiguos, incluso, su carnet como cronista taurino. Y su otra afición, el vino. Cada vez que tenía un hijo (y fueron 7), le dedicaba una barrica de vino, que se probaba en la comunión y que se embotellaba para la boda. La última de esas barricas es de mi generación (1969), y está dedicada a Rafael, ahora elaborador en Galicia.

José Palacios fue un pionero en tener un “Club del Vino”, donde guardaba botellas firmadas por los famosos que visitaban su hotel, y que se volvían a abrir en la siguiente visita. En la lista de ilustres visitantes, desde Severiano Ballesteros a Palomo Linares, pasando por Peret o Jose Luis Uribarri.
Enoteca de firmas célebres y amigas

Enoteca de firmas célebres y amigas

Se pueden pasar horas descubriendo los secretos del museo, las botellas de Herencia Remondo perfectamente conservadas, las piritas (otra de las aficiones de Don José) recogidas en la zona durante años, la gigantesca cuba reconvertida en salón privado, con fotos de amigos, de empleados, recogidas durante 45 años. Chelito, una de las hermanas Palacios, y la que se ocupa ahora del hotel, es una anfitriona excelente. Pero además, en el hotel se puede cenar…y muy bien, por cierto. Nosotros disfrutamos unos cogollos de la Ribera con anchoas y vinagreta de verduritas, un ragout de manitas de cerdo y oreja y una cuajada con leche del valle de Ulzama, aderezados por algunos vinos de la bodega (puedes leer sobre ellos aquí).

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Más casualidades: en la mesa de atrás cenaba la alcaldesa de Alfaro, que tras la cena nos describió amablemente los encantos turísticos de su ciudad, las 100 parejas de cigüeñas que anidan sobre el tejado de la colegiata. Nada más llegar, y ya habíamos podido empaparnos de la amabilidad con los extraños que tiene esta tierra, se nos instaló una sonrisa de felicidad permanente en la cara. La cena tuvo algo que ver, seguro, pero también el irresistible trato de la gente.

No podíamos comenzar de mejor manera nuestra visita a La Rioja. Durante este mes, os iremos desgranando más episodios, visitas a bodegas, y diferentes enfoques sobre el mundo del vino. Una visita que merece la pena, tanto si te gusta el vino, como si no. Repetiremos!

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