Costera Cannonau di Sardegna 2012, viva la garnacha!

Costera Cannonau di Sardegna

Bodega: Cantine Argiolas

DOC: Cannonau di Sardegna

Variedades: Cannonau, Carignano, Bovale

Graduación:13%

Precio: alrededor de 11 euros

Siendo como somos garnachistas de pura cepa (perdonad el chiste fácil…), nos hacía ilusión, cuando estuvimos en Cerdeña, probar un vino de esta variedad, que los italianos denominan Cannonau, y que fue llevada a la isla durante la dominación española en siglos pasados, si bien los expertos no terminan de ponerse de acuerdo, y los italianos defienden el origen sardo de esta variedad, incluso a nivel oficial.

Sea como fuere, eso no es lo importante. La idea era ver cómo la universal garnacha se adaptaba a las peculiaridades de la isla de Cerdeña, con clara influencia mediterránea, de clima suave y amplias horas de sol, donde su plantación está muy extendida, sobre todo, en la parte central de la isla, la más alejada de la costa. Y al final nos decidimos por este vino de Cantine Argiolas, de los que ya habíamos probado su Vermentino Merì, que nos encantó (podéis leerlo aquí). Como ya os comentamos en aquél post, Argiolas es una de las bodegas más antiguas y prestigiosas de la isla, que trabaja bajo producción integrada.

Los campos de Argiolas

(nota: esta imagen está sacada de aquí)

En concreto este Costera, que forma parte de la línea de productos más tradicional de la bodega (junto con un Carignano, del que os hablaremos más adelante), nace en una parcela a 220 metros sobre el nivel del mar, de suelos calizos, arcillosos, algo sueltos, de guijarros pequeños, que favorecen la circulación del poco agua que cae. El clima es mediterráneo, muy suave, con inviernos templados y veranos cálidos y soleados. Las uvas se recogen de manera manual, casi de madrugada, para preservar el frescor de la noche. Tras la selección de granos, maceran y fermentan a temperatura controlada durante 10-12 días. Realizan la fermentación maloláctica en depósitos de fibrocemento y crían en barricas de roble durante 8-10 meses, terminando de afinarse en botella. El resultado, un vino suave y elegante, con un ligero toque salino. Presenta un color rubí intenso, con reflejos granates, en nariz tiene aromas muy varietales, fruta roja, pimienta, especias. Y, a la hora de probarlo, es cálido, redondo, bien estructurado, buen balance, y un agradable posgusto. Es un buen complemento para comidas sabrosas, quesos bien curados (un Pecorino sardo le va genial !), o un cordero asado.

Un descubrimiento, y una confirmación, la de que la Garnacha, sea de donde sea…nos gusta!

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